Tienes 3 segundos? los acabas de perder, tenemos tanto que ver y solo dos ojos cobardes que se cierran cada 20 segundos

miércoles, marzo 21, 2007

:::: Lo que paso ayer :::
ayer fue un dia demasiado raro , esto es lo que paso, yo no lo ecribi a mi la verdad me da bastante flojera, pero mi amigo, el que vivio el asalto conmigo lo vivio y dice asi:

Salí de mi casa un poco emocionado pues habían encontrado un apartamento muy barato … pagar mil 500 pesos al mes por un cuarto compartido y con todos los servicios no sonaba nada mal … me encontré con Irving en la estación Bellas Artes, quedamos en ir juntos a ver el lugar, íbamos haciendo planes, yo había visto un anuncio en la red para un trabajo de medio tiempo el cuál me daría para pagar mi parte del alquiler, la comida y una que otra salida con Jane.
Bajamos en Apatlaco muy cerca de Atlazolpa, de inmediato recordé los toquines de aniversario de Radioactivo mientras mirábamos el mapa que hay a la salida de todas las estaciones del Metro para ubicar la calle indicada: Viento Azul - lindo nombre – pensé mientras trazábamos la ruta más corta para llegar. La calle no estaba muy lejos.
Al salir de la estación observé con un poco de desdén que el barrio no era muy agradable; pintas por todas las paredes, basura … poca gente.
Caminamos una cuadra y doblamos a la derecha por Canal de Apatlaco, ahí la cosa mejoraba un poco, de un lado había un montón de unidades habitacionales y del otro casas ordinarias de dos plantas con comercios en la parte inferior. No podía faltar el ya clásico olor a podrido que caracteriza a nuestra bella ciudad, no había mucho movimiento.
Nos internamos en la zona de las unidades y encontramos sin dificultad la calle con el edificio y el número indicado. Una seño medio guapetona y de unos treinta y tantos años nos indicó el lugar donde vivía Héctor, un tipo gordo, moreno, usaba bigote y a simple vista parecía buena persona. El lugar era un poco extraño pues además de departamento el sitio era utilizado como oficina virtual en el ramo de los seguros, consistía en tres recámaras pequeñas, una estancia bastante amplia – en dónde se encontraban algunas personas trabajando contestando teléfonos y atendiendo equipo de cómputo – una cocina, baño y una pequeña terracita con lazos para tender la ropa.
El tipo nos explicaba las funciones de su empresa y nos dijo que actualmente ya tenía un inquilino, un chavalón - así dijo – rentaba una de las alcobas y sólo estaba en las noches, nos ofreció amablemente la estufa y la lavadora mientras se mordía constantemente el labio superior. Durante el día, de nueve a seis de la tarde laboraban sus empleados y el resto del tiempo lo pasaríamos solos sin ser molestados.
- ¿A qué se dedican?
- Médico
- Estudio producción audiovisual en la UNAM, escribo un poco.
- ¿Publicas?
- No no.
Iba a responder – soy roquero – jajajajaja pero dije – nooo , no vaya a pensar que fumo mucha marihuana jejeje -
Pensamos que no estaba del todo mal pues solamente nos pidió medio mes de adelanto. Lo que no me gustaba era que tuviera la oficina funcionando ahí mismo por que de algún modo la privacidad no sería del todo completa.
Nos retiramos acordando llamarle al día siguiente, nos deseó suerte y salimos a la calle de nuevo.
Caminamos un par de cuadras mientras observábamos los alrededores: una farmacia, un centro de lavado automotriz, spining, abarrotes las 24 horas
– Mira, tienes todo lo que se puede pedir de un vecindario ¡puedes venir a trabajar lavando autos! – me decía Irving mientras nos metimos a una tiendita de esas de esquina para comprar algo y tener unas monedas sueltas y hacer una llamada para pedir una cita en otro departamento al día siguiente. La condenada tiendita estaba protegida por una reja de color amarillo. Al entrar y ver tal cosa dije para mis adentros que nunca había que confiar en un barrio en donde las tiendas tienen ese tipo de protecciones pues son señal inequívoca de que ya han sido asaltadas al menos un par de veces.
El teléfono suena ocupado en lo que le digo a Irving que mientras tanto creía conveniente aceptar la oferta de Héctor y que le llamara para confirmarle nuestro interés por ocupar la habitación.
Comenzamos de nuevo la caminata hacía el Metro.
Antes de llegar a la avenida dos chicos nos abordaron y nos preguntaron cómo podían llegar a la prepa #2, tanto Irving como yo conocíamos más o menos el rumbo y les indicamos el camino. Argumentaron no conocer el lugar y los orientamos lo mejor que pudimos. Los dos portaban camisetas tipo polo - imitaciones de Tommy Hilfiger y Abercrombie - de color blanco y mezclilla con tenis de básquet Nike, iban bien peinados, uno era moreno, obeso y de un metro ochenta y algo aproximadamente, el otro, apenas alcanzaba el metro con sesenta y era flaco, ambos sin personalidad, carentes de cualquier gracia y estilo, almas que pasan desapercibidas en el mundo, quien sabe, a lo mejor ellos mismos no saben que no existen y sólo viven por inercia.
Comienza el juego.
- La verdad es que andamos tras de un tipo como tú - le dice el obeso a Irving.
- Ayer por estos rumbos un wey muy parecido a ti se pasó de lanza con un cuate y con su novia y lo andamos buscando, ¿no eres tú verdad? Por que se ve que no son malas personas. Tú por ejemplo – se dirigió a mí - se ve que ya eres grande y que ya sabes lo que quieres ¿no?
- Pues si
Nosotros, confundidos, sólo alcanzábamos a asentir con la cabeza y le dijimos que ni siquiera éramos de por ahí.
- Bueno los voy a dejar ir por que no venimos solos, allá están otros weyes y los están vigilando así que mejor sigan su camino y no hay pedo, es más les voy a dar una contraseña por si los vuelven a parar, la dan y los dejan ir ¿va? Nosotros somos la banda.
¿? No dijimos nada nos miramos y seguimos caminando.
- Vamos a tomar el micro – me dice Irving antes de cruzar la calle para dar vuelta hacía el Metro que ya está a una escasa cuadra de distancia.
- Mmmm no mejor caminamos, al fin ya está muy cerca.
Estábamos muy confundidos e íbamos comentando lo sucedido. Irving me contaba que en alguna ocasión le platicó un amigo suyo que lo asaltaron utilizando un argumento como el que acabábamos de escuchar.
- ¿Se habrán arrepentido?
- No lo sé, a lo mejor, o si no ¿a qué se debió el asunto?
- Quién sabe.
- Y además se le olvidó darnos la contraseña.
A unos veinte metros de la entrada del Metro escuchamos que nos llamaban, eran otra vez esos dos, venían corriendo.
- No mames hay que correr ya estamos cerca del metro – más confusión.
Por alguna extraña razón decidimos no correr y nos dieron alcance. El más grande venía visiblemente agitado.
- ¡Hey, se me olvidó darles la contraseña!
- ¿Si, a ver cuál es?
- Perame, mira siéntense aquí y se las doy.
- ¿Eh? pues dámela y ya.
- No no wey siéntate – me tomó por el hombro, en ese momento sabía que ya había valido madre.
Nos sentaron en la banqueta manchada de orines. Se sentaron frente a nosotros y lo soltaron todo.
- Mira wey, yo soy la rata así que no te pases de verga o si no te carga la chingada, no soy culero y te voy a hacer el paro, sólo quiero saber qué es lo que traes y cuánto. Si se para la tira y pregunta hazme el paro y no digas nada por que si no a quién lo haga se lo lleva la chingada, sabes bien que la tira es bien corrupta y tengo conocidos ahí así que no se pasen, no se busquen ni nada, sólo díganme cuánto traen, a ver ¿con qué se comunican? nosotros no queremos Nextel, es más nosotros andamos tras gente que traiga el varo, díganme la verdad por que si no ahorita llega una camioneta blanca y los trepamos y si traen más de lo que me están diciendo ora si se los carga la chingada ¿quieren llegar con bien a su casa no?
- Si.
En ese momento pensé en un par de amigos a los que secuestraron recientemente, pensé en mi mamá, pensé que acabaría tirado en una calle de Iztapalapa, con el tiro de gracia o con unas buenas puñaladas en la espalda, sin identificación, uno desconocido más en la estadística.
- Cámara a ver cuánto traes
- 15 varos.
- ¿Quince mil?
- No no, quince pesos.
- Pzzzt no mames.
Una patrulla pasó a dos metros de nosotros mientras pasaba por mi mente el pedir auxilio, pero conociendo a nuestro muy apreciable cuerpo de (in)seguridad no era de extrañarse que también estuvieran involucrados en el asunto y desistí tristemente.
- ¿Y tú?
- Como ciento veinte.
- ¿Nada más? A ver saca el varo.
Irving sacó de su cartera 100 pesos y se los dio.
- A ver tú saca tu teléfono.
Saqué de la bolsa del pantalón un Nokia 1100 puteadísimo, por un momento pensé que me lo iban a aventar en la cara pues así como estaba no valía más de 50 pesos. El flaco no decía nada, sólo miraba a un tipo que estaba a unos diez metros de nosotros, obviamente era un cómplice. Le extendí el móvil y lo miro. En la parte posterior, en la tapa de la batería había escrito la frase fuck everyone else la cual leyó pero no entendió el muy pendejo.
- ¿Y tú? – se dirigió a Irving
En ese momento pensé que qué poca madre tenían pues su móvil era de los nuevos y con él había tomado unas lindas fotos en una cantina y en una exposición en el Franz Mayer.
- ¿Al menos déjame quitarle el chip no?
- No no, mira, sólo quiero pasar el inventario de lo que traen, al jefe nada más le interesa gente que traiga lap tops y mucho varo, ¿ustedes no tren verdad?
- No.
- Pues el asunto está así: yo le llevo esto a mi jefe nada más pa´ que lo vea y luego va a venir una chava con una falda roja y les va a entregar sus cosas, pero no se vayan a pasar de lanza con ella ¿eh? ella viene de cinco a diez minutos, la esperan y ya se van a su casa tranquilos y todo.
La indignación se apoderó de mí. ¿En verdad pensaron que nos quedaríamos a esperar a que nos devolvieran las cosas?
- ¿No traen mp3, ipod?
En la bolsa yo traía el ipod de una amiga, me lo prestó para que lo llenara de la música que a mí me gusta y lo llevaba para hacer menos pesado el viaje. Pero les dije que no portábamos esas cosas. Tuve miedo de que me revisaran y lo encontraran. Pero no fue así.
Se despidieron de nosotros con el típico saludo de rozar la palma de la mano para luego chocar el puño. Saludo de valedores, de compas ….. los muy mierdillas.
- ¿Crees que vuelvan?
Irving esbozó una sonrisa nerviosa e indignada.
- Vámonos de aquí.
En verdad estaba asustado, me dolía el estómago. Mientras caminaba miraba con desconfianza a toda la gente que nos topamos, todos tenían aspecto de viles ladrones. Irving cayó en la cuenta de que eran al menos cuatro personas las que participaron en la operación; un niño que pasó tres veces junto a nosotros, un tipo de gorra que llamaba por celular y los dos que nos abordaron. Pensándolo bien, a lo mejor les hubiéramos podido hacer frente, pero como es natural, nosotros no sabíamos con exactitud si portaban algún tipo de arma, si realmente venían ellos solos o si había más cómplices. Nos atuvimos a la regla de no hacerla de pedo. Ni modo. Era la primera vez que me sucedía.
Ya en el metro Irving me dijo - Esos chavos están muy equivocados.
- Si, ¿por qué?
- Por que tú ni siquiera sabes lo que quieres.
Tiene toda la razón.

Eso es lo escribio mi amigo Pepe Toño, despues acompañe a Arlo al funeral de uno de sus mejores amigos. En el camino iba pensando que tan afortunados e inafortunados eramos al mismo tiempos, y no dejaba de sentir esa sensacion con la que te quedas, una sensacion de entre miedo y coraje, que se acrecento por que camine media calle de colima sin nada de luz. No se que pensar, lo unico que puedo pensar es que solo que les deseo lo mejor a ese par de ratillas.

1 comentario:

Petulante Troglodita dijo...

Eblouie par les phares
j'ai croisé son regard
et je me suis jetée

Ravale ta salive
ton orgueuil de fille !

Je me suis relevée et je lui ai donné
la main qu'il me restait






pues qué te puedo decir Irving, l`estílo de tu amigo me recuerda ad todas la publicaciones musicales d`ahora, en fin, ya llámame chinga!"!!!!!!


D.A.dá.